sábado, 19 de enero de 2008

Vacaciones “Tira de cola”

Si... el nombre puede estar un poco grosero, sobre todo para los que entienden los términos de la depilación. Pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre, y ese es el nombre que le dimos a las vacaciones de una semana que nos dimos con mi amiga EUGE en Costa Rica (no tendría sentido explicar por qué).

A mediados de diciembre Euge Perrone me anunció que se venia a visitarme, a cualquier lugar de Centroamérica que yo le dijera... ¡¡el día que escuché eso no lo podía creer!! Una de mis amigas más cercanas de la Universidad, con quien trabajamos juntas en Compromiso Joven, se hacía un espacio en su agenda y bolsillo para venir a visitarme.

Sin quererlo, cuando me dijo "el lugar de Centroamérica que vos me digas", me puso bastante presión... quería proveerle la mejor experiencia posible en muy pocos días. Guli me había pedido relajarse en un lugar con buenas playas y una vida nocturna interesante, por lo que empecé a pensar y averiguar. Lo primero que pensé, fue llevarla a las costas del Caribe, para que sienta el "sabor sabrosón" del que disfrutan esas orillas. Después, varios viajeros y locales me advirtieron que en esta época -y casi en cualquiera- sobre el Caribe llueve mucho, por lo que -teniendo en cuenta que sólo venía por 6 días- me dispuse a buscar algo en el Pacífico. Una opción casi natural era El Salvador: esas tierras que me trataron tan bien seguramente iban a saber cómo tratarla a ella, pero como me había pedido la combinación playa+noche que mencioné antes, supuse que mejor sería Costa Rica. También pegaría más con el estilo bostoniano que la susodicha había venido desarrollando últimamente (Además influyó que empezaba a pensar que sería hora de irme de El salvador, porque si no me iba a quedar eternamente...)

EL 15 de diciembre Euge compró su tiquete aéreo a San José, y lo demás fue ultimar detalles con la emoción corriendo en cada arroba de los mails que nos mandamos. Con el paso de las semanas las vacaciones tira de cola se fueron definiendo, y elegimos el destino: Montezuma... un pueblito playero, con onda, en la Península de Nicoya (en la Costa del Pacífico de Costa Rica).

Ya cerquita de año nuevo nos mandamos los últimos mails de ánimo, del "traeme yerba, no te olvides el repelente", etc... y el domingo 6 de Enero nos encontramos finalmente en el aeropuerto de la capital costarricense. Personalmente, había estirado hasta el último minuto posible mi partida de San Sívar, así que corrí por 2 días y crucé fronteras a lo loco para llegar a tiempo a nuestra cita. Euge había hecho un esfuerzo enorme también, y el abrazo fraternal que nos dimos al vernos, y los días juntas que lo siguieron, bien valieron la pena.

Larga la introducción, no? Bueh... la idea de este post era contar lo que hicimos con la Eushi. Recién empiezo el relato jaja.

Días 1 y 2: traslado a destino.

El día que llegó el avión, nos montamos enseguida en un bus a Puntarenas, donde pasamos la noche. No hay mucho para contar de ese lugar, donde paramos solamente para tomar al día siguiente el Ferry que nos llevó a la Península de Nicoya. Yo ya hice ese recorrido varias veces y la verdad es que CADA vez ese viaje en Ferry la rompe. Una de las razones por las que llevar a Eu por ahí era para que disfrutara del viajecito de una hora y cuarto (costo = U$D 1,25) sobre el mar y rodeado de montañas increíbles. Ya en Paquera, nos tomamos el bus a Montezuma, combinándolo apenas pisamos tierra.

Euge se había desprendido de una de sus maletas en San José (gracias a la generosa colaboración de mi amigo tico ALEX), y ya estábamos las dos en onda mochilera. Mi querida amiga se bancó muy bien las caminatas, cargas y descargas del equipaje y demás gajes del oficio mochilero pese a no estar acostumbrada. Además desde el momento UNO le sonrió a todo el mundo, se relajó, le puso mucha onda la verdad. Me hizo acordar a mis primeros días en el viaje, donde hablaba más con tooooodos, le sonreía ingenua a cada hombre que me hablaba por ser argentina y no me preocupaba tanto por la mochila y que no me embocaran con el cambio sino en disfrutar y absorber todo a morir. Después de 2 horitas de bondi (en las que hablamos con nuestras compañeras de asiento ticas y estoy segura que Euge disfrutó de la calidez latina), nos bajamos en Montezuma dispuestas a buscar un hostal. Buscamos por un rato largo, porque mi presupuesto rata no quería bancar más de 10 dólares por una noche, y finalmente nos instalamos en Hotel El Parque (15 dólares... pero era lo más barato! Me prometí a mí misma que no va a volver a repetirse jaja)

Era la tardecita y la habitación frente al mar que nos tocó, era sensacional. Cuando digo frente al mar, me refiero a eso: a abrir la ventana y tener a 25 mts el Pacífico. Entre nosotros y ese agua celeste, solamente había un par de hamacas y palmeras. Nos fuimos a tomar algo y empezamos a disfrutar de la buena vibra del lugar... la filosofía "pura vida" de Costa Rica y el ambiente bastante internacional del pueblito. Caminando por la calle me crucé con Mariano, un chico que fue al Pellegrini que al vernos nos ofreció parar donde él vive. Esa noche no, pero la siguiente ya fuimos a su casa. Para mí fue una verdadera alegría verlo, porque está haciendo el mismo viaje que yo, tenemos muchos amigos en común y cosas de las que conversar. Y ni hablar del ahorrarnos el hospedaje en ese lugar, que resultó más caro de lo que esperaba por ser PLENA temporada alta.

Esa noche salimos a comer algo y a bailotear un ratito en un barcito de ahí. Conocimos a un cubano que por esas cosas de la vida vive a 3 cuadras de lo de Euge en Boston, y ella feliz de compartir no sólo eso sino unas vueltitas al compás de la salsa en la pista de "Chico´s Bar".

Día 3: playa a lo loco.

Nos levantamos con Euge relativamente temprano, agarramos nuestras cosas, y nos fuimos a instalar a lo de Mariano. Está viviendo temporalmente en una casa con mucha onda, a 1km del pueblo, a donde se llega pidiendo "ride". Cargamos las mochis e hicimos dedo: la primera vez en la vida de Euge y como la décima en la mía, después de mucho tiempo de no hacerlo, por lo cual tuvo su encanto. Una vez instaladas, enfilamos para la playa con todo lo necesario y dispuestas a echarnos al sol y charlar. Eso hicimos por unas cuantas horas... excepto por las que Euge durm como un marrano jaja.

A la noche salimos nuevamente, haciendo amistad con un mendocino buena onda (en la foto) que estaba de paso como Euge, él por menos noches en Montezuma. La onda del pueblito está muy buena, y hay varios artesanos que van a vender sus cosas aprovechando la alta afluencia de los turistas con dinero. Lo único medio malo es que está muy (demasiado?) lleno de argentinos viviendo ahí. Costa Rica me pareció mucho más caro que los países que visité previamente, cada almuerzo y cena era un poquito un desafío. La verdad es que la zafamos bien porque tuvimos casa gratis.

Día 4: playa a lo loco II.

Si bien habíamos metido playa y mucha, había estado un poco nublado. El miércoles amaneció re soleado y salimos muy contentos con Euge y Mariano a conocer uno de los atractivos extras de Montezuma: las cascadas. Tuvimos que caminar un buen trayecto sobre piedras y subidas, pero finalmente llegamos. Esta foto es ahí.. muy lindas la verdad.

Después de eso nos fuimos a comer unos sanguchitos a la playa, y nos tiramos nuevamente con Euge al sol. Temí por su bronceado... el minuto a minuto indicaba un color cada vez más "acamaronado" en su piel. No se quejó, sino que se tiró con mayores ganas al sol. Yo, modestia aparte, no sufrí para nada porque tanta playa me está recompensando: tengo la piel archi curtida. Se puede observar en esta foto la diferencia de color. :o)

Una de las playas que elegimos para tirarnos estaba rodeada de palmeras y allí tuvimos la loca sorpresa de enganchar a un grupo grande de monos cruzando de árbol en árbol. Es que costa Rica es un zoológico con fronteras... nunca vi tantas especies en mi vida. Acá Euge sacó un par de fotos.

Ese día relajamos un montón y Euge NUEVAMENTE durmió como una morsa en la playa. Hasta soñó!! Minuto que nos callábamos, minuto que Euge conciliaba el sueño sin drama. Admirable. Yo la miraba y sonreía de saber que eso significaba que estaba disfrutando a pleno las vacaciones tira de cola. Jamás la desperté: necesitaba descansar por estreses previos y venideros producto de su vida en Boston. A mí me sirvió mucho porque en cada ronquido de ella yo avanzaba en mi libro de un autor hondureño que estoy leyendo. Hacía tiempo que no leía tanto.


Día 5: ases al volante.

Una de las actividades que podés hacer al sur de la Península de Nicoya es rentar un cuatriciclo y salir a visitar los pueblitos cercanos. Son todos pueblos playeros muy muy lindos, que además tienen onda surfer (ya sabemos de mi cariño por la onda surfer y los surfers en general, sobre todo si son musculosos jaja). Si bien alquilar un cuadra es de esas cosas de las que me privo sistemáticamente por ser muy caras, esta vez compartimos el gasto con Euge y nos lanzamos a la aventura porque realmente valía la pena y yo sabía que los demás pueblos que íbamos a visitar iban a estar copados. Salimos bien temprano, recibimos todas las instrucciones y nos largamos a la carretera. BUENIIIIIIIIIIIIISIMO!! Valió la pena muchísimo. Fuimos primero a la playa Malpaís... buenísimas olas, buenísima onda en la playa, lindos barcitos, playa amplia como para tirar la lona y almorzar a gusto bajo el sol. Eso hicimos, y después de un rato partimos a Santa Teresa y Manzanillo.

Ahí viven el Gaucho y Daiana, mis amigos de la iglesia, y pasamos por el bar donde trabajan para saludarlos. El trayecto fue realmente espectacular, charlamos un poco y otro poco fuimos mirando la playa que teníamos al costado de la carretera. Por momentos, paisajes para sacarse el sombrero. Lo único malo del cuadra para Euge fue que por varias horas no pudo dormir jaja.

Acá estamos con el Gaucho en el bar donde trabaja. Relajamos ahí un par de horitas y antes de que oscureciera partimos de regreso. La vuelta estuvo súper linda también... volvimos por una ruta interna, sin playas, pero con muchas sierras y disfrutando el sol ponerse en ese ambiente. Un atardecer -como diría mi abuela- para alquilar balcones, que Euge disfrutó más porque yo iba manejando concentrada en no dárnosla con ningún pozo y llegar a la casa de día. Lo que sí recuerdo yo, es ver la ruta en la que iba manejando, iluminada por un sol rojo precioso, y rodeada de árboles... de película.

Como si el día no hubiera sido suficiente, a la noche nos enteramos de un conciertito de una banda de México en un bar en la playa. Fuimos, disfrutamos muchísimo la música, y de ver a varios conocidos que nos habíamos hecho charlando durante la semana. Estaba todo el pueblo, y terminamos copadísimos gozando de los covers de manu, los cadillacs y temas propios que hizo la banda. Acá se ve a Mariano también. Euge sacó unas fotos y yo me jugué comprándoles el CD, porque realmente me encantaron. Una despedida genial para la Euge que terminó saltando a lo loco con el tema "El cuarto de Tula". Ni que lo hubiera pedido ella. La banda se llamaba OLLIN, y son unos chicos que están viajando de México hasta Argentina con una van, tocando donde pueden. Espero volverlos a cruzar en el viaje. Ahora que volví a Montezuma estuve charlando un poco más con ellos. Los vi tocar de nuevo y la verdad que con su música levantan hasta un velorio.


Día 6: de regreso a San José.

Euge salía el sábado al mediodía por lo que quiso llegar el viernes a San José y asegurarse una salida tranquila. Emprendimos la retirada en un bus directo a la capital, que atravesó de nuevo el ferry y le puso 6 hs. Mi amigo ALEX (un sol) nos pasó a buscar por la terminal, nos llevó a su casa, y esa noche nos recibió con asado. Riquíiiiiiiiisimo! Para Euge, que venía de Argentina, estuvo bueno... pero para mí fue como el cielo en la tierra. Ahí también vi a Emiliano, un amigo de Bs As que estaba de visita por San José también, y a mi querido amigo tico Hugo. Acá estamos todos juntos después de cenar. Qué asadito se echaron, mahes!

Día 7: todo concluye al fin.

Llevamos a Euge al aeropuerto, y ahí terminaron sus vacaciones y continuaron las mías, sin compañía sanandresina. La verdad es que esos 6 días estuvieron increíbles y celebro por ellos. Aprovecho para extender la invitación a cualquier otra persona de bien que quiera compartir conmigo unos días del viaje. Me avisan con tiempo, nos ponemos de acuerdo en un lugar, y nos vamos de gira. Es un verdadero placer, y está bueno también que puedan aprovechar que estoy viajando... además de compartir buenos momentos, se gasta un poco menos que siempre porque acomodarse a mi presupuesto mochilero y mi ritmo de viaje es una experiencia distinta.

Eso nomás!!! (Nomás? Jaja) Si alguno llegó hasta acá, le agradezco. Creo que Euge llegó seguro, porque tenía mucha expectativa de leerse en el blog... a menos que se haya quedado dormida leyendo jajaja.

Un beso a todos

3 comentarios:

Milton! dijo...

Lo que quedó claro entonces es que Euge descansó! :P

Sabés que no soy fanático de los títulos como el que le pusieron a las vacaciones, pero bueno... hay y que admitir que una vez incorporado tiene su onda... :P

Yo tengo que ir magui! Tengo que ir!

Después hablamos bien!

Ah! Y fijate que hay varios tirandote onda en mi blog... :P

Beso, bola!

Vicky dijo...

yo llegué!!
te sigo leyendo asi que seguí escribiendo ehhh jajaa

Andrea dijo...

milton: andá!